Sin ser mayoría, cada vez hay más personas descontentas con la
situación económica o de inseguridad del país; son perceptibles en los foros
públicos, en las redes sociales y en las entrevistas callejeras cuando las
abordan sobre estos temas. Al verlas, uno se da cuenta de que son clase
trabajadora.
Esta discordancia es natural aunque a Morena le extrañe; considera el
resultado del 2 de junio como un pacto de sangre con las masas, en el que la
gente se olvidó de sí misma por pensar en la elección de jueces, la austeridad
franciscana o la Conquista Española. De ahí que, cuando el oficialismo revisa
los comentarios vertidos por cibernautas, lo desconciertan las pullas al
gobierno federal.
Quizás el grueso de los ciudadanos no piensa así, y está conforme con
las acciones tomadas por el morenismo, pero eso no le resta acrimonia y desdén
a la crítica de los insumisos.
Por eso, la llamada Cuarta Transformación ha decidido tomar las plazas
y espacios abiertos para convencer a la gente de que vive en un mejor país, y
que esto se puede demostrar.
Incluso, en sus ansias por revertir esa impresión “equivocada” de los
gobernados, ha utilizado eventos que fueron organizados para fines culturales y
completamente apartidistas, y los estropeó con panfletos, arengas y discursos
políticos.
Uno de los sacrificados por la propaganda fue la Feria Internacional
del Libro del Zócalo (FILZ), que se llevó a cabo del 11 al 22 de octubre en la
Ciudad de México.
A diferencia de otros encuentros literarios, el del Zócalo se ideó para
apoyar a las editoriales independientes que, a pesar de su gran calidad, no
cuentan con recursos para asistir a ferias de grandes públicos. Sin embargo,
este año les cambiaron el programa.
“Nos llamó mucho la atención encontrar el primer día de la feria una
charla de dos horas entre Gerardo Fernández Noroña y Javier Corral”, dijo una
de las expositoras al periódico Reforma.
"Y no hay problema, pero no es una presentación de un libro o una
actividad relacionada con el ecosistema del libro”.
El morenismo va en locomotora a adoctrinar a los malcriados que no ven
mejoras. Eso explica que, en este evento, además de los personajes ya citados,
se presentó un documental de Epigmenio Ibarra sobre el Tren Maya, seguido de
unas charlas sobre la Cuarta Transformación y un libro publicado por Martí
Batres. “Ahora supuestamente es escritor”, dijo Mónica Gameros, editora. “Lo
único que hizo fue una recopilación de frases de AMLO. Es lo más absurdo, una
ofensa para quienes sí vivimos escribiendo”.
Divertido por estas ocurrencias, entré a buscar los videos de la FILZ y
a sus oradores; fue entonces que descubrí la idea más cara que quieren sembrar
en la población. Una señorita, que no supe identificar, pero que actuaba como
vocera, le pidió a la audiencia que recordara siempre un hecho: por primera
vez, se está entregando un billón de pesos a los pobres de manera directa.
“Antes se lo gastaban, ahora llega a los más necesitados”.
Es verdad; nunca antes se dispersó tanto dinero entre la población como
resultado de los programas sociales. Y es, claramente, una característica de
Morena.
Debido a estos recursos, millones de personas salieron de la pobreza
alimentaria y se encuentran mejor. Pero la pobreza es múltiple, y estos mismos
beneficiarios todavía son incapaces de cubrir la necesidad de servicios de
salud y vivienda digna. Después de todo, por algo se empieza.
¿Tendremos pronto esa fortaleza y seremos como Dinamarca? De corazón,
deseamos que así sea, pero James Robinson, el Premio Nobel de Economía 2024,
dejó entrever, recientemente, un defecto grave en la fórmula morenista contra
la pobreza.
Es importante aclarar que Robinson no vino a México a derramar clasismo
ni a negarle el derecho a la soberanía. Al contrario, cuando lo cuestionaron
sobre la elección judicial, pidió darle un voto de confianza al oficialismo, ya
que después de todo llegó al poder con gran respaldo popular.
Pero una cosa es la elección y otra, la economía, y Robinson no
transigió en eso con la 4T.
“Estos programas sí pueden ayudar”, dijo el laureado, “pero, para
reducir la pobreza sistemáticamente, se necesita un modelo de crecimiento
económico: hay que generar riqueza”.
Es imposible disimular la decepción que deja Morena en este tema: un
crecimiento promedio de 1 por ciento, una deuda pública aumentada en 6.6
billones de pesos y, a consecuencia de esto último, una proporción de casi 50
por ciento del PIB en la deuda- país.
Es decir, el primer gobierno morenista financió los programas sociales
con más deuda, no con ingresos. “Combatir la pobreza no es solo compartir el
dinero”, continuó James Robinson; “para eliminar la pobreza se necesita un
motor económico y no viene solo del gobierno… hay que colaborar entre lo
público y lo privado”.
Esto nos hace recordar que el gobierno de López Obrador tenía una
imagen infravalorada de los empresarios y su papel en el desarrollo nacional;
en algunos casos les daba el rostro de Ricardo Salinas Pliego como ejemplo de
maldad.
Pero, en estricto sentido, todos somos emprendedores de nuestro propio
talento (si alguno hubiere, aunque solo fuera cargar costales). Con él nos
ganamos el sustento, pero siempre queremos más. Todo lo que un gobierno
necesita es encauzar esa ambición en tareas productivas para que la economía
funcione. Hoy mismo hay un deseo latente de hacer negocios, pero el gobierno
parece no descifrarlo.
Cuando lo consigue, puede apoyar en áreas específicas para atraer la
inversión. Por eso conviene preguntarnos si el billón de pesos que gasta en
programas sociales impulsará de verdad el crecimiento económico y el bienestar
de los más necesitados. Hasta ahora, es poco el beneficio y mucho el
endeudamiento. No estamos sugiriendo nada con este comentario, sino que el
gobierno explique, en términos económicos, hacia dónde va con su política
de gasto.
A sabiendas de la explotación malhabida de algunas empresas, es el
sector privado el motor económico al que alude James Robinson. Y cuando se
respetan las reglas que previenen esos abusos, son los mejores aliados de los
gobiernos progresistas.
Así, pues, no hay inmoralidad alguna en desear más de lo que uno tiene,
aunque Morena insista en lo contrario. Ejemplo acabado de esto es Epigmenio
Ibarra, primer publicista de la Cuarta Transformación, quien solicitó un
préstamo de 150 millones de pesos a la banca oficial para ampliar la empresa
Argos, de su propiedad.

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